Subsidio al desempleo: más que un salvavidas

Quedarse sin trabajo genera incertidumbre. Alba Patricia Reales y Claudia Eudora Martínez, residentes en Bogotá y Tocancipá, nos cuentan cómo, gracias al subsidio al desempleo que obtuvieron a través de Colsubsidio, lograron afrontar esa situación.

Alba Patricia Reales nació en Ciénaga de Oro, Córdoba; de sus 49 años, 27 los ha pasado en Bogotá, donde se casó y tuvo tres hijos: dos hombres, de 29 y 21 años, y una mujer, de 24. Por su parte, Claudia Eudora Martínez, de 42 años, nació en Tunja, Boyacá, pero desde hace 28 está radicada en Tocancipá, Cundinamarca; es madre de cuatro hijos: la mayor tiene 20 años, el que le sigue, 19, y las menores, de 17, son gemelas. Vive en unión libre.

Reales reside en el barrio Suba Villa María y trabajaba como niñera y empleada doméstica, sin embargo, el pequeño que cuidaba entró al jardín infantil este año, así que sus patrones decidieron prescindir de sus servicios. Martínez laboraba en un cultivo de flores y explica que haber adoptado una mala posición al agacharse para cortarlas hizo que se le corrieran dos discos de la columna; una condición que la obliga a estar, máximo, dos horas sentada y dos horas de pie. Eso, sumando a la muerte de su padre en Tunja, la llevó a renunciar.

Sin complicaciones

A las dos, sus empleadores las tenían afiliadas a caja de compensación. Alba Patricia cuenta que a través de algunos folletos se había enterado de la existencia del subsidio al desempleo y decidió ir a una oficina a averiguar. “Yo llevé los papeles una tarde, fue sencillo, nada complicado; me pidieron los certificados de la EPS y el fondo de pensiones, que se bajan por internet, la del último trabajo y una fotocopia de la cédula. Me los recibieron en media hora y dijeron que esperara; a los 15 días me llamaron a decirme que había resultado beneficiada”, dice.

Claudia Eudora explica que una conocida le contó que cualquier persona desempleada tenía derecho a solicitar el subsidio y se animó a tramitarlo. “Fue fácil, no tuve que pasar muchos papeles y como a los veinte días de haberlos entregado en la oficina de Colsubsidio me avisaron que estaba aprobado”.

Un gran alivio

Ambas explican que durante los seis meses que gozaron del subsidio (Alba Patricia lo obtuvo en marzo y Claudia Eudora en enero) recibieron un bono mensual de $184.429 para redimirlo en la compra de alimentos en cualquier supermercado Colsubsidio. Además, cada una obtuvo capacitaciones gratuitas.

“A mí me asignaron tres talleres y en todos me dieron certificados: el primero fue Abriendo puertas, un día, de 8 a.m. a 4 p.m., con una psicóloga que nos guió para encontrar nuestra misión y visión, y nos dio motivaciones para emprender un negocio. El segundo fue Caja de herramientas, con el mismo horario del anterior; nos enseñaron cómo hacer la hoja de vida, presentar una entrevista laboral y a comportarnos en el trabajo. Temas muy bonitos que yo no sabía. El tercero fue de Windows. Duró cien horas, de lunes a viernes de 12 m a 5 p.m. Aprendí muchísimo: a escribir en Word, a buscar en internet páginas para aplicar a empleos, y un poco de Excel para hacer cotizaciones. Yo cursé hasta noveno grado, así que todo fue muy útil”, explica Alba Patricia.
A su vez, Claudia Eudora narra que a ella le ofrecieron un curso de sistemas al que asistió con gusto: “duró un mes, de lunes a viernes, y me colaboraron mucho. Yo solo estudié hasta quinto de primaria y no sabía nada de computadores, ni siquiera prenderlos; aprendí a defenderme y manejar lo básico, fue muy útil”.

A lo anterior se suma que el subsidio las benefició con el pago de la EPS y la pensión durante seis meses, que para las dos fue de gran ayuda. Alba Patricia es hipertensa, por lo que debe asistir a controles continuos y tomar medicamentos especiales. Claudia Eudora tiene que ir mensualmente al médico para que supervise su problema en la columna y le suministre pastillas para el dolor. Tuvieron acceso a los servicios médicos sin restricciones.

“Para mí el subsidio al desempleo fue una bendición y por eso lo he recomendado mucho. Uno no debe hacerle caso a los rumores, tiene que ir personalmente y averiguar”, concluye Alba. “Yo se lo recomiendo a todas las personas que se queden sin empleo; vivo muy agradecida, me sirvió muchísimo, gracias a Dios”, puntualiza Claudia.

Todo lo que contribuya a disminuir la carga en un momento difícil es valioso. Por eso este subsidio representa un alivio, es más que un salvavidas cuando se pierde la estabilidad laboral.

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